Los lunares perfectos del desierto: ¿quién dibuja los círculos de hadas?
Sobrevuele a baja altura los pastizales del borde del desierto del Namib y el suelo parecerá cosido a mano. Millones de círculos pelados y rojizos salpican el mar de hierba dorada, cada uno rodeado por una franja de tallos más altos, cada uno separado de sus vecinos con una regularidad casi matemática. Desde el aire el efecto recuerda a la piel de algún animal enorme. En el suelo es aún más extraño: entre en un círculo y la tierra está simplemente, tercamente, desnuda.
Los círculos miden entre unos dos y quince metros de diámetro, y no son fugaces. Los investigadores estiman que un círculo individual puede persistir durante décadas, apareciendo, madurando y desvaneciéndose a lo largo de una vida humana. La tradición local del pueblo himba los consideró durante mucho tiempo huellas de dioses o la obra de un dragón subterráneo. La ciencia quería un mecanismo, y durante años no encontró uno que todos aceptaran.
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