UN CASO REAL
En disputa

Las luces de Kaikoura: un equipo de televisión fue a filmar un cielo vacío, y las luces volvieron

2026-10-27 · · Objetos no identificados (OVNI) · 9 min de lectura

Faltaban pocos minutos para la medianoche del 30 de diciembre de 1978. Un avión de carga despegaba de Wellington, la capital de Nueva Zelanda.

Era un viejo carguero de 4 motores. Cada noche llevaba hacia el sur, a lo largo de la costa, los periódicos de la mañana. Esa noche llevaba algo más: un equipo de televisión.

El equipo venía de Melbourne, en Australia. Iban a grabar imágenes de fondo para un reportaje. El reportaje trataba de algo que otros pilotos habían visto en esa misma ruta 10 días antes.

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Nadie a bordo esperaba ver nada. Querían imágenes del cielo nocturno y de la costa para acompañar la voz del periodista.

En menos de una hora, el comandante ya estaba llamando al control aéreo para hablar de unas luces al otro lado de su ventanilla. Y el camarógrafo las estaba filmando.

Este es el caso que la prensa neozelandesa bautizó como las luces de Kaikoura. Kaikoura es un pequeño pueblo costero en el lado este de la Isla Sur de Nueva Zelanda, más o menos a mitad de camino entre Wellington y Christchurch. Durante 2 noches de diciembre de 1978, pilotos que pasaban por allí informaron de luces brillantes que parecían seguir a su avión. Los controladores de radar en tierra dijeron que también veían blancos. La segunda noche, las luces quedaron filmadas.

La película todavía existe. Los informes de radar todavía existen. Lo que nadie ha podido demostrar nunca es qué eran esas luces.

La primera noche

Para entender ese vuelo hay que retroceder 10 días, a la madrugada del 21 de diciembre de 1978.

Un avión de carga de la misma compañía hacía la misma ruta nocturna por la costa. Era un Argosy, un carguero de hélices grande y lento, fabricado en Gran Bretaña.

Frente a la costa de Kaikoura, los 2 pilotos vieron luces que no podían explicar. El comandante describió una luz roja y brillante a la izquierda del avión.

Llamó por radio a Wellington. En el centro de control, un controlador de radar miraba su pantalla. Les dijo a los pilotos que veía blancos cerca de su avión. Según contó después, uno de ellos se veía en su pantalla tan fuerte como el propio avión.

Las luces aparecieron y desaparecieron durante un largo tramo del vuelo. Personas que vivían en la costa también informaron esa noche de luces extrañas. Según los informes, la mayoría no le dio mucha importancia en ese momento.

Los pilotos aterrizaron e informaron de lo que habían visto. La historia llegó a los periódicos y en pocos días cruzó el mar hasta Australia.

Un equipo de televisión sale a filmar el cielo

Una cadena de televisión de Melbourne decidió hacer un reportaje. Su periodista estaba casualmente en Nueva Zelanda. La cadena le envió un camarógrafo y una técnica de sonido. También se sumó un periodista de la televisión neozelandesa.

El plan era sencillo. Volarían en el avión de los periódicos, por la misma ruta del avistamiento, y filmarían la vista desde la cabina.

El avión despegó de Wellington tarde en la noche del 30 de diciembre, esta vez con otro comandante y otro copiloto a los mandos.

Las luces vuelven

Cuando el avión llegó a la altura de la costa de Kaikoura, la tripulación vio luces.

El comandante describió después una luz blanca enorme y brillante, con un tono rojizo, que parecía mantener el ritmo del avión. Otras luces más pequeñas aparecían y desaparecían.

El camarógrafo empezó a filmar. Usaba una cámara de película de 16 mm, la habitual entonces en los noticieros de televisión. Tenía que filmar a través de las ventanillas de la cabina, gruesas y curvas.

El comandante llamó a Wellington. De nuevo, el controlador de radar dijo que veía blancos en la zona del avión. Durante muchos minutos, pilotos y controlador hablaron entre sí. El controlador les decía dónde estaban los blancos, y la tripulación miraba si había una luz en ese punto.

El avión aterrizó en Christchurch, como estaba previsto.

El viaje de vuelta

A las 2:16 de la madrugada del 31 de diciembre, el Argosy volvió a despegar de Christchurch, esta vez rumbo al norte.

Poco después del despegue lo vieron otra vez. Ahora era una fila de 5 luces pequeñas y brillantes y, cerca de ellas, algo que parecía una gran bola luminosa.

El avión tenía su propio radar en el morro. Según la tripulación, mostró un eco fuerte en la misma dirección que la luz grande.

La luz se mantuvo junto al avión casi un cuarto de hora. El camarógrafo filmó todo el tiempo y la técnica de sonido no dejó de grabar. En la pista de sonido se oye al periodista intentando describir lo que ve. En un momento dice: "Esperemos que sean amistosos".

Después la luz quedó atrás, y el avión aterrizó sin problemas antes del amanecer.

La película da la vuelta al mundo

En pocos días, la película se emitió en la televisión de Australia y Nueva Zelanda. Poco después se vio también en otros países.

La reacción fue enorme. Según informes de la época, incluso el primer ministro de Nueva Zelanda pidió que le informaran personalmente de la investigación.

Lo que hicieron los investigadores

El gobierno encargó el caso a su agencia científica, el Departamento de Investigación Científica e Industrial. También lo examinaron la fuerza aérea, la policía y el observatorio nacional de Wellington.

Los científicos tenían 3 cosas con las que trabajar: lo que dijeron los testigos, lo que mostró el radar y la película.

Empezaron por la película. Gran parte estaba borrosa y deformada. Los científicos demostraron que parte de eso venía de filmar a través del grueso cristal de la cabina. Reprodujeron algunas de esas formas extrañas solo con una linterna iluminando a través de la ventanilla de un avión.

Una segunda película, de la televisión neozelandesa, era más clara porque no se había filmado a través de un cristal. Los científicos la convirtieron en datos informáticos para eliminar las deformaciones. Aun así, les costó obtener medidas firmes.

Luego, el radar. Según los documentos publicados después, tanto Wellington como Christchurch registraron señales de radar durante los avistamientos. Los científicos dijeron que esas señales no coincidían con lo que vieron los pilotos ni la gente en tierra. Señalaron que el tiempo de ese mes podía curvar los haces de radar y crear ecos falsos.

Aquí las fuentes no coinciden en un detalle. Algunos relatos dicen que el radar de Christchurch no vio nada mientras se filmaban las luces. Los documentos oficiales dicen que ambas estaciones registraron señales, pero que no coincidían con los avistamientos.

En enero de 1979, Nueva Zelanda envió a las Naciones Unidas un informe sobre el caso. Fue desclasificado décadas después. Decía que las luces debían considerarse "ovnis hasta que se identifiquen", y que la posibilidad de que hubiera algo de fuera de la Tierra era "extremadamente remota". También sugería que quizá no eran más que un resplandor general en el horizonte, tal vez de Júpiter o Venus.

Cuando el resumen oficial se entregó a la prensa más tarde en 1979, decía que las luces eran probablemente fenómenos naturales pero poco comunes. Proponía 2 candidatos: una flota de barcos japoneses de pesca de calamar que trabajaba frente a la costa cerca de Christchurch, y el planeta Venus, especialmente brillante ese mes.

**Aquí termina lo documentado. La película, las señales de radar y las palabras de los testigos son reales. Qué eran las luces, nadie lo ha demostrado nunca.**

Conclusiones y preguntas abiertas

Se propusieron varias explicaciones. Cada una explica una parte de lo que pasó. Ninguna lo explica todo.

**Las luces eran barcos de pesca de calamar.** Estos barcos cuelgan de noche filas de lámparas muy potentes sobre el agua para atraer al calamar a la superficie. Desde el aire, una flota entera puede parecer una ciudad flotante. En el año 2000, un científico de la misma agencia volvió a estudiar la película fotograma a fotograma. Dijo que la gran "bola" era en realidad varias filas paralelas de luces separadas. Calculó que estaban a unos 6 km del avión, en barcos de 20 a 25 m de eslora, con lámparas separadas 2 o 3 m entre sí. Exactamente como en los barcos calamareros. El movimiento extraño, dijo, se debía al zoom y al movimiento del propio avión. El problema: las tripulaciones siempre lo rechazaron. Los pilotos dijeron que durante gran parte del vuelo iban a unos 4.000 m de altura y que sabían cómo se ven los barcos desde el aire. Un físico estadounidense que estudió la película dijo que no había pruebas de que hubiera barcos calamareros justo en ese lugar a esa hora. Otros dijeron que sí los había. Esa cuestión nunca se ha resuelto.

**Era Venus, o Júpiter.** Los planetas brillantes bajos en el horizonte son una de las causas más frecuentes de avistamientos de ovnis, incluso entre pilotos con experiencia. Y Venus estaba especialmente brillante ese mes. El problema: un planeta no se queda 15 minutos a un lado de un avión, ni aparece en el radar. El camarógrafo intentó después filmar Venus con el mismo equipo. Dijo que salía como un punto diminuto, nada parecido a lo que había filmado esa noche.

**Las señales de radar eran ecos falsos.** El tiempo de aquel diciembre podía curvar los haces de radar, y quienes trabajaban con el radar señalaron que los ecos raros sobre esa costa eran bastante frecuentes. La fuerza aérea se inclinó por un equipo defectuoso o mal interpretado. El problema: eso explica el radar, pero no las luces que los pilotos vieron con sus propios ojos, al mismo tiempo y más o menos en las mismas direcciones.

**Era algo que nadie ha identificado.** El físico estadounidense, que trabajaba en un centro de investigación de la Marina de Estados Unidos, analizó la película en detalle. Al principio calculó que la luz principal era extremadamente brillante y medía al menos 20 m de ancho. Concluyó que la tripulación había visto algo que encaja en la definición de ovni: un objeto en el cielo que nadie identificó. El problema: más tarde admitió que quizá usó un dato equivocado del objetivo en sus cálculos. Si es así, sus cifras de tamaño y brillo también son erróneas.

Casi 50 años después, las piezas siguen sin encajar.

Los blancos del radar y las luces probablemente no fueron siempre lo mismo. La película se rodó a través de un cristal que deforma, con zoom, desde un avión en movimiento y de noche. Los barcos calamareros nunca se han situado con certeza en el lugar correcto, y tampoco se han descartado con certeza.

El comandante del segundo vuelo y el periodista australiano escribieron libros sobre aquella noche. El copiloto dijo que seguía sin saber qué habían visto, pero que no creía en los ovnis.

Quizá la respuesta más honesta siga siendo la que Nueva Zelanda dio a las Naciones Unidas en 1979. Algo había allí. Se vio, se filmó, y nadie ha demostrado qué era.

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