El Nido del Águila de Fuego: ¿qué creó el cráter Patomskiy de Siberia?
Hay lugares en el mapa que parecen resentirse de ser hallados, y las Tierras Altas del Patom, en el este de Siberia, son uno de ellos. Para plantarse ante aquello que los cazadores yakutos de la zona llamaban el Nido del Aguila de Fuego, hay que viajar mucho mas alla del pueblo aurifero de Bodaibo, hasta un pais sin caminos de alerces y permafrost donde el asentamiento mas cercano es un rumor y la taiga se cierra a tus espaldas sobre cada sendero. Fue aqui, en el verano de 1949, donde un joven geologo sovietico llamado Vadim Kolpakov salio de entre los arboles y se detuvo en seco, porque alzandose de la ladera boscosa frente a el habia algo que no tenia por que existir: un enorme monticulo palido de piedra gris rota, en forma de cono y de cima plana, tan ajeno a la colina verde como una catedral arrojada en un pantano.
El primer pensamiento de Kolpakov, admitiria despues, fue que habia tropezado con la escombrera de una mina. Pero no habia mina. Ningun camino llegaba al lugar, ningun asentamiento se hallaba a una distancia razonable, y la labor de arrastrar un millon de toneladas de roca triturada hasta formar un cono de cuarenta metros habria derrotado a un ejercito trabajando durante anos. Su segunda conjetura fue un volcan, pero este rincon de Siberia jamas ha tenido volcanes, y el monticulo estaba hecho de la misma caliza que pisaban sus botas, no de nada que hubiera estado fundido alguna vez. Lo que lo hubiera levantado lo habia hecho desde abajo, empujando el propio lecho rocoso de la region a traves de si mismo y dejandolo en pie en el bosque como una herida que no cierra.
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