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El Nido del Águila de Fuego: ¿qué creó el cráter Patomskiy de Siberia?

2026-06-27 · Lugares enigmáticos · 8 min de lectura

Las Tierras Altas del Patom, en el este de Siberia, están entre los lugares menos visitados de Rusia. Para llegar a la forma del relieve que los cazadores yakutos de la zona llamaban el Nido del Águila de Fuego, hay que viajar mucho más allá del pueblo aurífero de Bodaibo, hasta un país sin caminos de alerces y permafrost donde el asentamiento más cercano está a días de distancia y la taiga se cierra a tus espaldas sobre cada sendero. Fue aquí, en el verano de 1949, donde un joven geólogo soviético llamado Vadim Kolpakov salió de entre los árboles y se detuvo. Alzándose de la ladera boscosa frente a él había un enorme montículo pálido de piedra gris rota, en forma de cono y de cima plana, del todo distinto a cuanto lo rodeaba.

El primer pensamiento de Kolpakov, escribiría después, fue que había tropezado con la escombrera de una mina. Pero no había mina. Ningún camino llegaba al lugar, ningún asentamiento se hallaba a una distancia razonable, y mover un millón de toneladas de roca triturada hasta formar un cono de cuarenta metros habría ocupado a un ejército durante años. Su segundo pensamiento fue un volcán. Este rincón de Siberia jamás ha tenido volcanes, y el montículo estaba hecho de la misma caliza que pisaban sus botas, no de nada que hubiera estado fundido alguna vez. Lo que lo hubiera levantado lo había hecho desde abajo, empujando el propio lecho rocoso de la región a través de sí mismo.

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