Documentado

Terremotos del cielo: los cañonazos que llegan de un cielo azul y despejado

2026-06-19 · Señales y sonidos · 9 min de lectura

El sonido llega sin aviso. Un estampido profundo y contundente, como fuego de cañón lejano o una puerta pesada cerrada de golpe por un gigante, rueda desde el agua bajo un cielo sin nubes. Las ventanas vibran en sus marcos. Los perros levantan la cabeza y ladran a la nada. La gente sale al porche y rastrea el horizonte en busca de la tormenta, la explosión o el reactor que vuela bajo y que debió de causarlo, y no encuentra absolutamente nada. Ni humo. Ni estela en el agua. Ni avión. Solo el mar, el cielo y el recuerdo que se desvanece despacio de un ruido que no debía estar allí. Luego, un mes o un año después, vuelve a ocurrir.

El fenómeno es lo bastante antiguo y extendido como para haber acumulado nombres en tres continentes distintos. En la costa de Carolina del Norte, donde los estampidos se oyen con suficiente frecuencia como para llegar cada verano a los periódicos locales, se los llama los Cañones de Séneca. El nombre fue tomado del relato de James Fenimore Cooper de 1850 'The Lake Gun', que describía detonaciones misteriosas oídas en torno al lago Séneca, en el norte del estado de Nueva York. En el país del delta que hoy es Bangladés, los funcionarios coloniales británicos del siglo XIX registraron los Cañones de Barisal, artillería fantasma que retumbaba sobre los canales llanos cerca de la ciudad de Barisal, por lo general hacia el sur y el sureste, y casi siempre con tiempo húmedo o de niebla.

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