306 hombres y ninguna llamada de socorro: la desaparición del USS Cyclops
Los últimos hombres que vieron el USS Cyclops fueron los estibadores de Bridgetown, en Barbados. La mañana del 4 de marzo de 1918 observaron cómo el enorme carbonero gris recogía sus amarras y giraba sus 542 pies hacia el Atlántico abierto, hundido tan bajo en el agua que su línea de carga parecía haber desaparecido bajo el oleaje. Se dirigía a Baltimore, unas 1.800 millas al norte, con 306 hombres a bordo y unas 10.800 toneladas largas de denso mineral de manganeso brasileño en sus bodegas. Era uno de los mayores buques de la Armada de Estados Unidos, un depósito flotante de carbón construido para alimentar y mover a una flota en guerra. En algún punto entre aquel cálido puerto caribeño y la fría boca del Chesapeake dejó de existir. Nunca se recibió una señal de socorro. Jamás se recuperó un bote salvavidas, ni un cuerpo, ni un solo fragmento confirmado de restos. Más de un siglo después, sigue siendo la mayor pérdida de vidas en un solo suceso de la historia naval de Estados Unidos no causada por el combate.
La travesía había empezado mucho más al sur. El Cyclops había prestado servicio frente a las costas de Brasil, y el 16 de febrero de 1918 zarpó de Río de Janeiro cargado de mineral de manganeso, la materia prima del acero para municiones, urgentemente reclamado por las fábricas de un país ya plenamente en guerra. Hizo escala en Salvador y luego puso rumbo al norte, hacia Baltimore, sin más paradas previstas sobre el papel. A bordo iban su tripulación, varios pasajeros y el cónsul general estadounidense en Río de Janeiro, Alfred L. M. Gottschalk, que regresaba a Estados Unidos.
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